Docentes que dejan huella

El periodista e historiador Henry Adams expresó: “El maestro deja huella para la eternidad, nunca puede saber cuándo se detiene su influencia”. Y muchas personas coincidirán con él ya que, al pensar en el paso por la escuela primaria, seguramente recordarán a algún docente que los marcó de manera especial.

En los talleres "Salud Emocional en la Escuela" que realizamos desde FUNCEI, fundación que preside el Dr. Stamboulian, solemos plantear como consigna que los asistentes recuerden a los maestros que impactaron en sus vidas. Estas son algunas de las experiencias compartidas:

“Recuerdo a mi maestra de 4º grado porque me consolaba cuando se burlaban de mí por un rasgo físico. Me enseñó a valorarme, pero también intervenía para detener esas actitudes. Hoy trato de hacer lo mismo con mis alumnos.”

“Yo era muy tímida y mi maestra de 3º me ayudó a relacionarme con mis compañeros e integrarme al grupo, siempre con un trato cariñoso y respetuoso.”

“Yo, en cambio, tengo un recuerdo no grato de mi maestra de 5º, porque estaba ensañada conmigo. Creo que me había tomado de punto: cada vez que estaba involucrado en un conflicto, yo era el culpable y me mandaba a la dirección. Aunque me esforzaba, siempre veía lo malo en mí.”

Así, se podrían continuar relatando innumerables vivencias de la infancia e incluir las que, de alguna manera, también influenciaron en nuestras vidas. La mayoría de las experiencias compartidas no se referían a aspectos académicos –con la importancia que estos tienen–, sino al impacto en el área emocional.

Cada año, al comenzar las clases, los niños traen sus mochilas cargadas de expectativas y deseos de aprender y tener amigos. Pero también pueden incluir temores y preocupaciones, de acuerdo a sus rasgos de personalidad, las experiencias vividas previamente en la escuela o situaciones familiares por las que estén atravesando.

Al recibir a sus alumnos, los docentes pueden, con ciertas actitudes, ayudarlos a alivianar la “carga” que llevan o, por el contrario, acentuarla. Cuando parten de preconceptos sobre los niños que los condicionan negativamente –“es un vago”, “siempre molesta”, “no se sabe defender”, “no puede”–, limitan no solo sus posibilidades de cambio sino también el modo en que evalúan su desempeño. Al privarlos del estímulo, la motivación y el refuerzo positivo que ellos necesitan para lograr cambios favorables, entran en un círculo vicioso a través del cual se afirman en aquello que no pueden superar.

En cambio, si los maestros reciben a los niños con una actitud abierta y con una mirada no condicionante, sabiendo también fijar límites cuando estos sean necesarios, serán mayores las posibilidades de crecimiento.

Hace 2.200 años, Platón decía: “La disposición emocional del alumno determina su habilidad para aprender”. Hoy vemos que esta realidad sigue vigente: los niños que llevan “pesadas cargas” emocionales muy difícilmente tendrán energía disponible para concentrarse y disfrutar del proceso de aprendizaje.

Los docentes tienen la oportunidad única de observar a los niños tanto en su desempeño frente a los desafíos y demandas académicas, como en la interacción con sus pares y maestros. Desde esta perspectiva y de acuerdo a sus posibilidades, pueden intervenir y ayudarlos a superar dificultades. Esta labor se enriquece cuando logran mantener una comunicación abierta con los padres o adultos a cargo.

Dedicar tiempo para conocer a los niños en su individualidad, valorarlos, reconocer sus fortalezas, alentarlos y felicitarlos por sus progresos aunque se equivoquen, enseñándoles a mantener la misma actitud hacia sus compañeros, es una inversión que suele generar retornos muy positivos.

Las actitudes sembradas para bien en los alumnos son como semillas recién plantadas: quizás en lo inmediato no se vean los resultados, pero en un futuro cercano o lejano pueden brotar, crecer y dar sus frutos.

Por la Lic. Cintya Elmassian*

* La autora es licenciada en Psicología y coordinadora del Departamento de Programas Educativos y Publicaciones Infantiles de FUNCEI.

Prevención y abordaje de violencia y "bullying" en las escuelas

Luego de la familia, la escuela es un espacio de socialización que brinda a los niños, niñas y adolescentes oportunidades de encuentro, alternativas de relación y distintas experiencias de aprendizaje que dejarán huella en sus vidas. Cuando estas vivencias son positivas, los chicos pueden disfrutar y trabajar con responsabilidad para cumplir con sus tareas y sus metas, jugar con otros, hacer amigos y definir satisfactoriamente su identidad.

Pero la escuela es también el ámbito en el que más se da la intimidación o bullying, no porque este espacio sea el causante de dichas conductas, sino porque los chicos trasladan a él modelos de relación instalados en la sociedad. En el contexto actual, niños y adolescentes repiten, en la mayoría de los casos, las mismas reacciones que otros han tenido con ellos, las que aprendieron o las que padecieron por presenciarlas. Esta violencia “instalada” nos lleva a naturalizarla y a minimizar sus efectos.

Si bien las primeras causas de la violencia infantil se originan en el hogar, los medios de comunicación también ejercen en los niños una influencia negativa. Cuanto más expuestos están los chicos a la agresividad en la televisión –a través de programas que la exaltan– o en los videojuegos –que simulan asesinatos o entrenamientos con armas de fuego–, más se incrementa la probabilidad de que imiten esas conductas como modos de resolver sus problemas y las incorporen como una manera natural de respuesta.

Sin embargo, pese a todos los factores de influencia negativa, muchos niños y jóvenes eligen no agredir. La agresión es una conducta aprendida –es decir, nadie nace “violento”– y, por lo tanto, se puede desaprender y modificar.

El bullying es una de las maneras en que se puede manifestar la violencia en la escuela y se da especialmente en grupos que no cuentan con la supervisión de los adultos.

En un trabajo desarrollado por la Unesco, entre 2009 y 2011, y publicado en la Revista CEPAL de la Comisión Económica para América Latina, se llegó a las siguientes conclusiones, entre otras:

  • “La violencia entre estudiantes constituye un problema grave en toda América Latina, tanto por su magnitud como por sus consecuencias académicas”… “Según se desprende del trabajo, el 51,1% de los estudiantes de sexto grado de educación primaria de los 16 países latinoamericanos examinados dicen haber sido víctimas de insultos, amenazas, golpes o robos (bullying) por parte de sus compañeros de escuela durante el mes anterior al que se recogieron los datos”.
  • “El estudio constata además que los niños y niñas víctimas de bullying logran un desempeño en lectura y matemáticas significativamente inferior al de quienes no sufren este maltrato. Asimismo, en las aulas que registran más casos de violencia física o verbal, los alumnos muestran peores desempeños que en aquellas con menores episodios de maltrato entre pares. En términos de insultos o amenazas, Argentina es el país que muestra las cifras más altas. En Argentina, y desgraciadamente en todo el mundo, los casos de hostigamiento son cada vez más frecuentes, y la violencia no termina en el aula sino que se puede trasladar a las redes sociales, con lo que la humillación se hace pública”.

¿En qué consiste el bullying?

Es la intimidación o acoso intencionado, persistente y sistemático de un niño, niña o adolescente hacia otro al que elige como víctima, con la intención de someterlo al maltrato, al sufrimiento o a otras acciones que atenten contra su integridad física o emocional, para dañarlo. Se da en relaciones de desigualdad de poder entre pares, contra una persona concreta (y no contra un grupo).

El término proviene del inglés bull (toro) y se puede traducir como “torear”. Lo introdujo Dan Olweus, un investigador noruego que observó hace más de 20 años estas conductas en la escuela, entre niños y adolescentes.

Es importante diferenciar las peleas esporádicas de los chicos o las bromas sin mala intención entre amigos del auténtico maltrato. A diferencia de este, las primeras no tienen impacto traumático en el niño y se resuelven con rapidez.

Frente a las situaciones de bullying, además de la víctima y el agresor (que no siempre ejecuta las acciones que maquina), intervienen un grupo de “espectadores” (pares que observan pasivamente las agresiones del bully o se identifican con él, siguiendo sus órdenes y festejándolas) y los “adultos ausentes” (indiferentes o que intervienen de modo ineficaz).

Los agresores, en general, son niños populares en el grupo, que tienen dificultad para controlar los impulsos, la ira o la agresividad, y para entablar relaciones interpersonales saludables. Son insensibles al sufrimiento ajeno, insultan, humillan en público, niegan o minimizan sus agresiones culpabilizando a otros, o las justifican argumentando que la víctima se las merecía. Asimismo, son admirados o temidos por sus iguales, pero no rechazados. Amenazan a los observadores y los presionan para que guarden silencio y excluyan al agredido del círculo de amigos. Suelen faltar el respeto a la autoridad y desafiar a los adultos. Disfrutan de sus comportamientos y están dispuestos a soportar algunos castigos o consecuencias negativas a cambio de la sensación de poder que les da la intimidación. El objetivo que persiguen no es obtener recompensas tangibles, sino lastimar a las víctimas. Estos comportamientos muestran que el agresor no tiene la voluntad de cambiar, lo cual hace más difícil que actúe de manera diferente.

En la mayoría de los casos, los niños elegidos como víctimas son aquellos a los que nadie defenderá, quienes suelen ser tímidos, destacados en el estudio, poseedores de habilidades artísticas, no atléticos o diferentes a los demás. Tienen poca confianza en sí mismos, pero esta falta de autoconfianza también podría resultar de la intimidación.

Las características de apariencia, discapacidad o habilidad que por sí mismas son difíciles de manejar aumentan la probabilidad de que un niño sufra intimidación. Los agresores buscan esos “atributos” para justificar sus agresiones.

Para la víctima, es muy difícil salir por sus propios medios, ya que no cuenta con los recursos para defenderse. Si lo intenta, los agresores pueden intensificar sus acciones para reafirmar su poder o trasladar su acoso a otro niño susceptible.

Muchas veces, la víctima reacciona gritando, y es a quien el docente termina por retar y aplicar una sanción, por considerar esa conducta como inapropiada. Así, el acosador festeja su triunfo, al igual que sus seguidores. Por otra parte, la mayoría de las veces los observadores se distancian del maltratado por temor o para protegerse a sí mismos. La actitud de silencio y pasividad, e incluso la risa nerviosa que manifiestan, son interpretadas por los agresores como señales de aprobación.

¿Cómo son las agresiones?

El maltrato puede tomar diversas formas:

Agresiones físicas (más comunes entre los varones):

  1. Directas: pegar, dar empujones, abofetear, patear, etc.
  2. Indirectas: esconder, romper, robar objetos de la víctima.

Agresiones verbales:

  1. Directas: amenazar, vocear, burlarse, insultar, poner apodos, hostigar por causas raciales, étnicas o sexuales, o cualquier otro comportamiento que hiera los sentimientos de los demás.
  2. Indirectas: hablar mal a sus espaldas, hacer que lo oiga “por casualidad”, enviarle notas groseras o cartas, hacer pintadas, difundir falsos rumores, etc. El “agresor asistente” cuenta a la víctima lo que dicen sobre ella y disfruta la sensación de poder que eso le genera, sin asumir responsabilidad por el dolor del afectado.

Agresiones relacionales:

  1. Directas: excluir a la víctima de manera deliberada de ciertas actividades o impedir su participación (esto hace que se mantenga alejada en el patio, sea evitada en clase y siempre quede sola).
  2. Indirectas: ignorar a la víctima, hacer como si no estuviera o como si fuera “transparente”.

Estas agresiones que tienen como objetivo la exclusión social se dan más entre las nenas, y aunque los adultos suelen considerar que es menos severa que la física o verbal directa, y que no deben entrometerse cuando ocurre, su impacto es mayor que el que produce golpear o fastidiar. La víctima siente vergüenza y, en silencio, permite que la sometan, por el temor al aislamiento y por el deseo de ser aceptada y de pertenecer al grupo. Permanecer en este tipo de vínculos predispone a las niñas a considerar ese abuso como normal en la relación de amistad y a aceptar, en el futuro, relaciones de pareja abusivas.

El rol clave de los adultos

En varias encuestas realizadas a alumnos de secundario, la mayoría manifestó que los profesores o adultos ignoraban los incidentes de intimidación, o que intervenían, por ejemplo, hablando del tema, pero que no se generaban cambios. Y coincidieron al expresar el deseo de que los profesores intervinieran de manera activa.

La primera reacción de los adultos, en general, es la negación: “en esta escuela no ocurre esto”, “mi hijo no es agresor”, afirmando así que los niños no tienen la intención de agredir ni de hacer daño. Por otro lado, muchos adultos no consideran graves las burlas, las palabras ofensivas y los apodos descalificativos, y de esta forma, minimizan sus efectos. Otros culpabilizan a las víctimas, argumentando, por ejemplo, que no saben defenderse por sí mismas, o justificando la agresión: “por algo se lo dirá”, “el/ la que tiene que cambiar es él/ella”….

Pero el maltrato es perjudicial siempre, sobre todo cuando el entorno lo silencia y lo tolera. Es un problema que afecta a todos los que de una u otra manera intervienen, y en el cual cada persona involucrada tiene su parte de responsabilidad.

En la víctima, el maltrato tiene consecuencias duraderas. Suele producir trastornos relacionados con el estrés, ansiedad, agresión, depresión y dificultades en el aprendizaje. Si el bullying es sostenido y sistematizado, puede ser causa de muerte: el hostigado puede suicidarse o pueden matarlo los hostigadores por las palizas y golpes. En algunos casos extremos, la víctima resuelve la situación matando a sus hostigadores. Vale recordar los episodios de Columbine, en EE.UU., y Carmen de Patagones, en Argentina.

Los agresores son más propensos a involucrarse en comportamientos autodestructivos, como consumo de alcohol, cigarrillo y drogas. Si su comportamiento agresivo no se revierte, pueden consolidar una personalidad delictiva y, en la adultez, presentar conductas violentas o abusivas con sus parejas.

Para combatir el maltrato desde la escuela, es indispensable la cooperación y el esfuerzo de cada uno de los que están implicados: autoridades educativas, padres, alumnos. En este camino de cambios, los padres y docentes deberán asumir un rol activo para intervenir de manera eficaz y establecer programas de prevención y manejo de la violencia adecuados; el agresor deberá aprender a reaccionar sin lastimar a otros; el agredido, a afrontar y responder asertivamente; y los observadores, a unirse para no ser cómplices del maltrato.

Debido a que estas conductas se desencadenan de manera rápida y oculta en espacios en que los niños no están bajo la mirada de sus docentes, estos ámbitos son los que más requieren de la atención e intervención de los adultos: recreos, baño, pasillos, salida del colegio, Internet, celulares, etc.

Es un derecho fundamental del estudiante estar seguro en la escuela y ser tratado con dignidad. Nadie merece ser victimizado por ser aquello que es, ni por tener otra cultura u otra manera de ser. La escuela, como responsable de la protección de sus alumnos, tiene que proporcionar un entorno seguro donde las diferencias sean apreciadas y TODOS los niños, niñas y adolescentes sean valorados.

Por la Lic. Cintya Elmassian*

* La autora es licenciada en Psicología y coordinadora del Departamento de Programas Educativos y Publicaciones Infantiles de FUNCEI.

El deporte como canal de transmisión de valores

Como actividad complementaria que enriquece la formación integral del ser humano, el deporte permite a los niños practicar e incorporar diversos valores que luego podrán trasladar a otras situaciones de la vida cotidiana. Algunos de ellos son: respeto, tolerancia, no violencia, autodisciplina, perseverancia, trabajo en equipo y solidaridad.

Al mismo tiempo, les brinda la oportunidad de aprender a pensar de manera crítica, tener control sobre sus elecciones, emplear el juicio para solucionar problemas y ser conscientes del esfuerzo que deben realizar para alcanzar sus metas. Por otro lado, a través de la interacción entre los niños, el deporte promueve el sentido de pertenencia, la amistad, y el juego limpio.

¿Cómo podemos promover el juego limpio?

Al enseñar a los niños y jóvenes a:

  • Disfrutar del juego más allá del resultado, festejando las victorias y aceptando las derrotas.
  • Respetar a los demás, compañeros y rivales, sin hacer trampas ni decir groserías.
  • Aceptar sin discutir las decisiones que toman los árbitros y entrenadores.
  • Mantener la calma sin responder en forma agresiva a las provocaciones físicas o verbales, buscando ayuda cuando no puedan resolverlas solos.
  • Cuidar las instalaciones deportivas y los elementos de juego.
  • No transportar las cuestiones conflictivas fuera de la cancha.
  • Resolver los conflictos, disculparse y retomar la calma.

Como adultos, es fundamental:

  • Ser facilitadores de soluciones.
  • No amedrentarlos si no juegan como esperábamos.
  • Evitar ridiculizarlos frente a las derrotas.
  • No impulsar el exitismo ni la sobreexigencia.
  • Quererlos y demostrarles el mismo afecto cuando pierden o ganan, así pueden percibir que no necesitan una victoria para sentirse valorados y queridos.

Creemos entonces que si como padres y educadores logramos crear en nuestros hijos y alumnos el hábito de practicar deportes desde la infancia, contribuiremos no solo a su desarrollo físico, sino también a su bienestar emocional y social.

Por la Lic. Cintya Elmassian y Lic. Eva Guiragossian

La autoestima positiva: un regalo valioso para nuestros niños

El desarrollo de una autoestima positiva en la vida de un niño es uno de los pilares para favorecer su salud emocional y su bienestar general, en proyección a su futuro.

Partiendo de una concepción del niño como ser integral, su crecimiento saludable y armónico dependerá de la adecuada satisfacción de cada una de sus necesidades, tanto en el plano físico como en el psicoafectivo. Ocuparse de esta tarea y acompañar a los niños en la maravillosa aventura de crecer es un privilegio y también una responsabilidad de los padres y adultos significativos que influirán en sus vidas.

¿Qué es la autoestima?

La autoestima se relaciona con el concepto que una persona tiene de sí misma (basado en ideas, percepciones y cualidades con los que se describe), y el grado de valoración que le atribuye. Si hay una gran diferencia entre lo que considera que es y el modelo que le gustaría alcanzar, su autoestima será baja. Por el contrario, será adecuada si se siente a gusto consigo misma, estimando sus fortalezas y aceptando sus debilidades.

La autoestima impacta todas las áreas de la persona, determinando la actitud hacia el propio cuerpo, el reconocimiento de las capacidades, el rendimiento y la manera de entablar las relaciones interpersonales.

¿Cómo aprende el niño a valorarse?

La autoestima no es innata, se aprende y desarrolla desde que el niño nace, a partir de los vínculos que establece con los adultos significativos para él. Las personas importantes que lo rodean son como espejos a través de los cuales aprende a mirarse y reconocerse.

En sus primeros años, el niño ve de sí mismo la imagen que le refleja su familia. Cuando se siente amado, aceptado y valorado de manera incondicional, y recibe una imagen positiva y realista de sí mismo, el niño aprende a mirarse de igual manera. Esto, además, lo ayudará a desarrollar la fortaleza emocional necesaria para afrontar situaciones de estrés, frustraciones o críticas que reciba.

La autoestima dependerá tanto de la aprobación de los demás, como de la propia satisfacción, al comprobar que puede realizar tareas en forma autónoma.

Si los niños sienten que los adultos confían en sus capacidades, a pesar de sus eventuales errores y dificultades, ganarán la confianza necesaria para afrontar los desafíos que se les presenten. Los resultados positivos que obtengan confirmarán su capacidad y competencia, reforzando así su autoestima.

La etapa escolar les presenta a los niños nuevos desafíos y les brinda oportunidades de encuentro con otros diferentes a la familia, alternativas de relación que también tendrán un gran impacto en la percepción que formen de sí mismos.

La actitud de los docentes, la imagen que le devuelvan los compañeros, las experiencias de aprendizaje, así como su desempeño físico y social también afectarán positiva o negativamente su autoestima.

Establecer vínculos positivos con los niños, dentro de un entorno que les brinde afecto, contención, apoyo, seguridad y límites es la base para influir de manera favorable en sus vidas.

Los niños con autoestima positiva…

  • Se sienten a gusto consigo mismos.
  • Tienen ideas propias y las expresan.
  • Conocen sus capacidades y limitaciones.
  • Asumen desafíos y responsabilidades.
  • Entablan relaciones amistosas fácilmente y disfrutan al compartir juegos con otros.
  • Son alegres y optimistas.
  • Son creativos y se muestran interesados por conocer el mundo que los rodea.
  • Comunican abiertamente sus emociones.
  • Reconocen sus errores y se esfuerzan por superarlos, confiando en que podrán hacerlo.
  • No se comparan con otros ni están pendientes de los demás.
  • Toleran las dificultades que se les presentan como pasajeras.
  • Tienen en cuenta las necesidades de los demás y son solidarios.

La autoestima se puede dañar

El niño desarrolla una imagen distorsionada de sí mismo cuando percibe que lo rechazan o ignoran. Esto sucede, por ejemplo, cuando por algún motivo el hijo no cubre la expectativa que tienen los padres sobre él, lo que lo lleva a sentir que no es aceptado de manera incondicional.

Por otro lado, el maltrato físico o verbal, los gritos y amenazas a los que en ocasiones recurren los adultos para ejercer el control y los mensajes que descalifican o condicionan al niño como persona originan sentimientos de desvalorización que lo pueden llevar a subestimar sus capacidades y encarar las situaciones que se le presentan desde una postura derrotista.

Otras actitudes más sutiles, como las burlas, el trato irónico o despectivo, las comparaciones, los apodos o “rótulos” y los dobles mensajes, también afectan negativamente su imagen, creándole confusión.

Paradójicamente, la sobreprotección también genera un sentimiento de rechazo, ya que encubre falta de confianza y de reconocimiento de las capacidades del niño.

Al llegar a la adolescencia, los chicos que se sintieron rechazados y no recibieron modelos alternativos que los ayudaran a reparar su imagen pueden adoptar actitudes autodestructivas o de riesgo, para llenar el vacío generado por las carencias emocionales.

Los niños con baja autoestima…

  • Tienen una imagen distorsionada de sí mismos.
  • Se comparan con los demás y se sienten inferiores.
  • Son inseguros.
  • Tienen temor a equivocarse y ser rechazados.
  • Les cuesta relacionarse con otros.
  • Buscan complacer a los demás y obtener aprobación.
  • Se frustran y desaniman fácilmente y se sienten incapaces de alcanzar sus metas.
  • Culpan a los demás de sus fracasos.
  • No se aceptan a sí mismos y, por eso, se muestran irritables.

Estos niños tendrán mayores probabilidades de ser en el futuro personas dependientes, temerosas, ansiosas o depresivas.

Por otro lado, debemos diferenciar la autoestima del egocentrismo, que se fomenta cuando aceptamos todas conductas del niño, sean estas adecuadas o no, cuando lo alabamos y elogiamos por todo, consentimos sus caprichos, le damos todo lo que demanda y le restamos la responsabilidad por lo que hace.

Los niños con “egoestima”…

  • Comparan sus resultados con los de otros.
  • Buscan un lugar sobresaliente y se alteran si no lo tienen.
  • Culpan a los demás o a las circunstancias de sus fallas o errores.
  • Actúan para lucirse o por los beneficios que puedan obtener.
  • No disfrutan lo que tienen.
  • Comparten si pueden obtener algo a cambio.
  • Son poco agradecidos y esperan que se los complazca en todo lo que quieren.
  • Manipulan a sus padres con comentarios y actitudes, generándoles culpa.

Reflexión final

Si bien los primeros años son los de mayor impacto en el desarrollo de la autoestima, la misma se refuerza durante toda la vida, fortaleciéndose o debilitándose de acuerdo a las experiencias que se atraviesen.

Afortunadamente, los "espejos" distorsionados se pueden modificar. Aunque en algunos casos puede ser necesaria la intervención profesional, es bueno reflexionar sobre qué clase de espejos somos para nuestros niños y examinar los sentimientos y expectativas que tenemos hacia ellos. ¿Los consideramos capaces de superarse y aprender? ¿O vemos permanentemente sus debilidades?

Como somos el principal modelo para los hijos, nuestra autoestima será un factor determinante en el desarrollo de su bienestar emocional. Ellos nos observan e imitan nuestras reacciones y actitudes. Si nos mostramos disconformes y somos competitivos y quejosos, es muy probable que los chicos sigan este camino. En cambio, si nos mostramos a gusto con nosotros mismos, mantenemos una mirada optimista a pesar de las dificultades que afrontamos y aprendemos a ver a nuestros hijos desde sus posibilidades más que desde sus limitaciones, tendremos mayores probabilidades de contribuir a su bienestar emocional.

Por la Lic. Cintya Elmassian*

* La autora es licenciada en Psicología y coordinadora del Departamento de Programas Educativos y Publicaciones Infantiles de FUNCEI.

Calendario de la Salud 2019: Enero

Calendario de Salud 2019: Enero: cuidados del sol

Información útil para el docente:

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www.escalainicial.com.ar

La radiación ultravioleta, causa quemaduras, envejecimiento cutáneo y puede aumentar el riesgo de padecer cáncer de piel. Es importante considerar que la luz solar también afecta de manera indirecta, como sucede con las superficies reflectantes como el agua, la arena, la nieve y el cemento. Por eso, hay que usar anteojos con filtro para rayos UV y cremas protectoras, aun en días nublados.

El rango de quemaduras solares va de leves a severas, con ampollas que pueden provocar deshidratación y requerir atención medica. Las lesiones de primer grado pueden mejorar en 72 horas, si se evita en días sucesivos la exposición al sol. Para ello se usan compresas frías, analgésicos orales para calmar el dolor y cremas locales con aloe vera y vitamina A.

Por otro lado, hay medicamentos que pueden sensibilizar la piel y generar manchas, por ejemplo algunos antibióticos (quinolonas, sulfas, tetraciclinas), drogas para cardíacos (amiodarona, algunos diuréticos, vasodilatadores), ibuprofeno, naproxeno y otros. Consulte con su médico de cabecera antes de viajar.

"No deben exponerse al sol los bebés de menos de un año. Luego de esa edad, los niños tienen que usar pantallas solares, con recaudos especiales en cuanto al horario y tiempo de exposición."

Cómo cuidar la piel

  • Crema protectora: debe tener factor adecuado a su tipo de piel, uno alto para la cara y el cuello. Hay que aplicarla 30 minutos antes de la exposición y renovar cada dos horas, luego de sudación excesiva o baños en agua. Evitar la combinación con repelentes de insectos, dado que disminuyen su eficacia.
  • Horario: reducir la exposición entre las 11 y las 16 o cuando su sombra es más corta que su altura.
  • Ropa y gorros: si la exposición será prolongada o intensa, utilizar sombrero de ala ancha, camisas y pantalones de colores claros y telas que impidan la filtración de la luz.

Compartimos los siguientes links con información útil para cuidarse en el verano:

Calendario de la Salud 2019: Febrero

Calendario de Salud 2019: Febrero: no te enredes con las redes

10 males de las nuevas tecnologías:

Fuente: www.efesalud.com

  1. El dedo de Blackberry.
  2. Síndrome del túnel carpiano.
  3. Codo de tenista.
  4. Daños cervicales.
  5. Estrés visual.
  6. Obesidad infantil y juvenil.
  7. Insomnio.
  8. Problemas de audición.
  9. Infertilidad.
  10. Adicción.

Calendario de la Salud 2019: Marzo

Calendario de Salud 2019: Marzo: transformá tus dientes en superdientes

Calendario de la Salud 2019: Abril

Calendario de Salud 2019: Abril

"Semana de la Vacunación en las Américas" 20 al 27 de abril

Durante muchos años, las vacunas han sido las grandes aliadas de los pediatras, padres y maestros al acompañar el crecimiento de los niños y mantenerlos protegidos contra las enfermedades infecciosas. Y, para afianzar los logros alcanzados, es fundamental seguir manteniendo altas coberturas en la población, tanto de las vacunas ya existentes como de las que surgen como nuevas herramientas preventivas.

Basta recordar, por ejemplo, el impacto de la vacunación contra la poliomielitis. Hoy, la región de las Américas está declarada libre de la enfermedad; mientras que en otras regiones del mundo, como algunos países de África que no acceden a las vacunas, esta infección continúa siendo un flagelo contra el que no existe un tratamiento específico.

Sin embargo, antes de que se llegara a erradicar la polio de América, hubo que afrontar terribles epidemias, como la que afectó a la Argentina en 1956. Todavía podemos ver las secuelas en quienes eran chicos en esos años y enfermaron. No alcanzaron las famosas “bolsitas de alcanfor” que se les colgaba a los chicos, creyendo que así se prevenía el contagio. Tampoco los miles de “pulmotores” que trataban de paliar las consecuencias de tan tremenda enfermedad: aun así, se cobró más de 6000 vidas. Solo los múltiples programas y campañas de inmunización permitieron controlar la polio. Gracias a ellos, el último caso en la Argentina se registró en 1984. Pero, en el país, las coberturas de vacunación no son las ideales; y es necesario, entre otras medidas, continuar con campañas antipoliomielíticas masivas dirigidas a los menores de 5 años.

Podríamos citar muchísimos ejemplos más de enfermedades graves contra las que todavía hoy no existe tratamiento, pero que, con el tiempo, pudieron controlarse por medio de vacunas. La fiebre amarilla, en nuestros días, puede prevenirse por vacunas. Pero, en 1871, el brote de fiebre amarilla en Buenos Aires ocasionó más de trece mil muertos. De ellos, la mitad eran niños.

Incluso, hay enfermedades que causan muchas muertes actualmente, a pesar de que pueden evitarse mediante la vacunación. Entre ellas, el sarampión, que tiene una alta mortalidad en los más pequeños en algunos países de África donde no hay suficientes vacunas.

¿La vacunación puede hacer daño?

A pesar de estas y de otras historias que dan cuenta de la importancia de la vacunación, han surgido dudas, temores y rechazo con respecto a su seguridad. Cuando hablamos de algún tratamiento o de alguna medida de prevención médica, de ninguna manera podemos afirmar que no puedan producir efectos indeseados–, sino que, lo que debemos evaluar es que tomar esa acción sea mucho más beneficioso que no hacerlo.

En lo que a las vacunas se refiere, debemos tener en cuenta si vacunar a una persona produce mayores beneficios que dejar al azar la posibilidad de que contraiga la infección. Y esta decisión se basa en datos científicos que comparan los efectos de la vacuna con los de la enfermedad.

A lo largo de los años esta evidencia permitió además, “proteger” a las vacunas contra los falsos rumores y las falsas investigaciones científicas que les habían atribuido efectos adversos que las vacunas, en realidad, no causaban, como la falsa asociación entre el uso durante la infancia de la vacuna triple viral –contra sarampión, rubéola y paperas– y el desarrollo de autismo.

Consecuencias de no vacunar a los niños

Si los chicos no reciben las vacunas que necesitan –o si no se les aplican todas las dosis que exige cada inmunización– surgen dos tipos de riesgos:

  • Individuales. El niño queda expuesto a adquirir el virus o la bacteria en cualquier momento; y ese momento tal vez no sea el mejor para él y sus defensas. Sería muy riesgoso para su salud padecer una enfermedad que le podíamos haber evitado con la vacunación.
  • Colectivos. Las peores consecuencias de no vacunar a los niños son tal vez las que enfrenta la comunidad. Cuando un niño no se vacuna, no solo él queda expuesto a enfermar, sino que expone a todas las personas en contacto con él a contagiarse. Y, en particular, esto puede tener consecuencias muy graves en la salud de quienes son más vulnerables, por ejemplo, los mayores de 65 años, los menores de 6 meses o las personas con enfermedades como VIH, diabetes, cáncer, etcétera.

Podemos asegurar que las vacunas no solo protegen al niño que las recibe, sino también a las personas de su entorno. Muchas vacunas tienen otra ventaja: eliminan la posibilidad de que el niño vacunado porte la bacteria en sus vías respiratorias. Esto recibe el nombre de “efecto rebaño” y es muy beneficioso para toda la comunidad porque frena la circulación de la bacteria en la población. Por todo esto, vacunarse implica proteger a los demás, sobre todo, a los que más queremos.

Vacunarse es un derecho de todos los niños

No debemos olvidar que los niños tienen derecho a recibir la mejor opción para su salud. Así lo han establecido múltiples entidades internacionales en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, en el artículo VII de la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, en el artículo 25.2 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, en el artículo 19 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos y en el Pacto de San José de Costa Rica, entre otras normas. Todas ellas sostienen que debe ser tutelado el interés superior del niño.

Para recordar

  • Siempre es mejor vacunar a un niño que arriesgarlo a que tenga la enfermedad.
  • La historia y la evidencia científica han demostrado ampliamente el beneficio de las vacunas.
  • Las vacunas no solo protegen al niño que las recibe, sino también a las personas de su entorno y a su comunidad.
  • La resistencia a la vacunación ha causado recientemente brotes de enfermedades, y existe así riesgo de que resurjan en regiones donde habían sido eliminadas.

IMPORTANTE

Recuerde que todas las vacunas incluidas en el Calendario Nacional son obligatorias y gratuitas. El pediatra puede indicar otras que considere necesarias. Actualice y conserve el carnet de vacunación de los niños.

SEPA MÁS

Desde nuestro sitio web, podrá acceder al Calendario de Vacunación argentino.

Encuentre la información clave sobre cada vacuna en nuestro sitio web.

Tomado del libro: “Crecer sanos en casa y en la escuela, Guía para padres y docentes Embarazo, infancia y adolescencia”. EDICIONES FUNCEI (Presidente Dr. Stamboulian).

Para contarles a los chicos en casa y en la escuela.

Cómo surgió la primera vacuna

Cuento cómo surgió la primera vacuna

Tomado del libro: Hacete amigo de la Vacuna, Colección Microbac.EDICIONES FUNCEI.

Calendario de la Salud 2019: Mayo

Calendario de Salud 2019: Mayo

2 DE MAYO, DIA INTERNACIONAL DE LA LUCHA CONTRA EL BULLYING.

Informaciòn útil para el docente

Las noticias sobre situaciones de violencia en las que niñas, niños y adolescentes sufren hostigamiento y rechazo por parte de sus pares son cada vez más frecuentes y alarmantes. Mientras que algunos maltratan sin compasión, otros padecen en silencio durante mucho tiempo y sufren daños que les dejan profundas heridas. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), el bullying es la primera causa de suicidio adolescente.

El bullying es el acoso intencionado, persistente y sistemático de un niño, niña, o adolescente hacia otro que elige como víctima con el fin de someterlo al maltrato, que puede ser verbal, psicológico, físico o virtual- lo que se conoce como cyberbullying-. Pero estas situaciones no solo se dan entre el agresor y la víctima, también requieren de un grupo de “espectadores” y ponen en evidencia la intervención ineficaz de los adultos, o la indiferencia frente al problema.

El maltrato es perjudicial siempre y afecta no solo a quien lo padece sino a todos los que de una u otra forma, están involucrados.

Pese a todos los factores de influencia negativa, muchos niños y jóvenes eligen no agredir. Nadie nace violento; la agresión es una conducta aprendida y por lo tanto, se puede desaprender y modificar.

Además de intervenir frente a las situaciones de violencia es fundamental anticiparse para que éstas no ocurran. Prevenir las agresiones es promover la paz y el bienestar en los niños, y los padres y educadores tenemos el desafío de asumir un rol activo en este sentido. Por un lado, conscientes de que somos modelos a quienes los chicos observan e imitan, por el otro, estando atentos a sus comportamientos, enseñándoles a identificar lo que sienten y a expresarlo sin perjudicar a otros, a entablar vínculos sanos de amistad, a respetar a los demás, a acercarse al que sufre y a formarlos como personas de bien.

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